Vivien Acosta y su fotografí­a: la arquitectura y el arte decorativo.
Art Nouveau en La Habana, 1974.

  • Posted on 13th May 2009
Vivien Acosta y su fotografí­a: la arquitectura y el arte decorativo. Art Nouveau en La Habana, 1974.

Vivien Acosta Julián fue otra buena amiga de la década de los años 60 y 70 en La Escuela de Letras. Nunca la conocí­ como profesora, siempre como amiga del grupo, de los “trabajos productivos” en el campo, del banquito famoso de la Escuela, de las fiestas de los amigos, y de visitas en casa. Se licenció en Historia del Arte en 1967 y fué profesora de esa especialidad en la Escuela desde 1966 hasta 1977 y luego en el Instituto Superior de Arte. Publicó dos libros para niños: Hombres, dioses y soles, 1981; Tricolor, 1987, y un poemario, En la arena del tiempo, publicado por la UNEAC en 1988. Hizo también letras para canciones. La foto que encabeza esta nota proviene de la contraportada del último libro.

En los años más intolerantes contra los homosexuales y contra otros que se consideraban fuera de los esquemas aceptados y “revolucionarios”, Vivien fue conmovedoramente leal a sus amistades. Admiré su valor.

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En el año 1974, Vivien decidió escribir un libro sobre art nouveau, ilustrado con una amplia colección de fotografí­as tomadas ese año. Vivien exploró La Habana y algunas ciudades de provincias con un amigo fotógrafo, quien, bajo su dirección, captó muchas de las joyas arquitectónicas de este estilo, algunas ya desaparecidas o vandalizadas. Creo que este trabajo también lo realizó para una tesis de grado o una futura publicación, pero no estoy segura. En todo caso, el proyecto quedó abandonado, por razones que desconozco. Supongo que las zancadillas crueles de la vida lo impidieron. En el año 2005, gracias a la bendición del correo electrónico, Vivien y yo nos pusimos de acuerdo: í­bamos a intentar crear algo con esta colección única ahora, al cabo de los años, y me envió las fotos y sus negativos. Harí­amos un libro y yo intentarí­a hallar una ví­a de publicación. Inesperadamente, Vivien falleció en el año 2006, con miles de ideas creativas pendientes y nuestro proyecto quedó engavetado una vez más. Es mi intención futura encontrar un camino para dar a conocer estas fotografí­as.

Hoy les ofrezco, primero, una pequeña muestra de estas fotos que tomara Vivien en 1974, y, luego, una pequeña nota escrita por otra buena amiga, Silvia Garcí­a Sierra, quien conocí­a a Vivien más que nadie en la Escuela de Letras. La he invitado a escribir algunas palabras sobre ella y Silvia ha tenido la gentileza de compartir ahora esta apreciación con nosotros, más dos notas adicionales de otras amigas.

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This article has 9 comments

  1. Marta Eugenia
    Friday 15 May 2009, 7:53 pm |

    Vivien no se puede y no se debe olvidar, aunque su deceso haya sido innoblemente ignorado por casi todas las instituciones a las que dedicó sus esfuerzos y en las que hizo gala de su creatividad fecunda. Sus últimos años fueron tristes.
    En su visita a México fuimos a las Pirámides. Era su primera vez y, con devoción, se inclinó a acariciar las piedras. Lloró en ese momento pero eso no le impidió, casi de inmediato, convertirse en mi guí­a por todos los secretos teotihuacanos, con descripción del Palacio de Quetzalpapálotl incluí­do. Es innegable que Vivien y otros profesores formados en aquella Escuela de Letras, en la época de las búsquedas ansiosas y la curiosidad indiscriminada, se hicieron académicos prestigiosos y respetados en el mundo a golpe de diapositivas viejas, reproducciones y mucha imaginación y sensibilidad.
    Es cierto que fue neurótica, aguda, aturdidora, aventurera, leal, tí­mida y sentimental. Por eso, quizás, se le cantó que huí­a “como una gaviota” y se le comparó a “un cuadro del viejo Chagall”.
    Aún, por lo que tú rescatas, Connie, Vivien tiene mucho que decir. No sabes cómo todos sus amigos lo agradecemos.

  2. Marityna Catasús Pulido
    Saturday 16 May 2009, 5:37 pm |

    Conocí­ a Vivien a través de una amiga común, Bertha del Castillo,  hace exactamente 22 años.      Siempre me consideró como una persona en quien podí­a confiar y así­ lo hizo, en muchas ocasiones. Es cierto que su carácter era ,vamos a llamar que un poco difí­cil, ya que su hipocondria rayaba en lo  sublime.   Tan  bien es así­ que creo que el exceso de medicamentos para el asma y la presión, hicieron que cayera en un estado de saturación. Yo, al ser neófita en asuntos de arte, la consideraba una autoridad reconocida por todos en arte precolombino y en el resto de las manifestaciones plásticas, siendo así­ que dejó inconcluso un trabajo sobre la influencia de la arquitectura catalana en Cuba que es para respetar.      Estoy de acuerdo en que pudo ser más reconocido su gran trabajo de profesora y especialista; conocia varios idiomas  y en eso estuvo siempre dispuesta a ayudar al que lo necesitara.  El dí­a que murió la visité en su casa  5 horas antes y hablé mucho con ella respecto a su convivencia con las personas y el trato hacia ellas.      Me fui a las 2 de la tarde y a las 7 ya me llamaban que fuera para allá que se morí­a y allí­ estuve, creo que como representación de todos sus amigos que, por varios motivos, no pudieron acompañarla. Este es mi pobre homenaje a quien como ya dije, fue una autoridad reconocida en el medio intelectual.   Muchas gracias.

  3. Excelente como siempre Connie, buen trabajo y mejor homenaje a Vivien Acosta, quien aun hoy sigue siendo, sino la mayor, una de las mayores y mejores referencias para conocer sobre el art nouveau o modernismo en Cuba. En el año 69 la revista de la Universidad de la Habana publicó un resumen de su Tesis de grado que versaba sobre estos estilos en Cuba, trabajo que fue ampliando a lo largo de su vida.

  4. […] —Archivo de Connie: las fotos que tomó vivien Acosta de la decoración Art Nouveau cubana. […]

  5. Vivien Acosta fue profesora mí­a al principio de su profesorado y nunca tuve dudas de que ella estaba muy por encima del nivel académico de la mayorí­a de los profesores de su generación en esa maldita Escuela de Letras. Pero además de eso, y lo más importante: era una excelente persona, considerada y educada con sus alumnos, accesible, incapaz de hacer daño a nadie, muy al contrario de muchos de los monstruos que pululaban en ese profesorado. Vivien era de La Esperanza, en Santa Clara, donde creo que sus padres habí­an sido dueños de una farmacia. Habí­a estado casada con un muchacho de apellido Bravo, de Santa Clara, y tengo entendido que a fines de los años 60 habí­a pasado un tiempo en Perugia estudiando antigí¼edades y museos. Realmente esa foto que está en esa nota no le hace justicia en absoluto, pues era, a mi entender y al menos cuando la conocí­, una mujer muy bonita y atractiva. Siento su pérdida y que se le haya hecho tan poco caso a su muerte. Así­ es la vida en esa isla: mientras a un personaje monstruoso como Nara Araújo que hizo tanto daño y cuya obra es tan cuestionable se la ha honrado como si hubiese sido Dulce Marí­a Loynaz, a la desaparición de Vivien Acosta, una verdadera intelectual, gran profesora y buena persona –todo lo contrario de la otra– nadie le ha hecho caso.

  6. El apartamento era un sueño. Aquella sala llena de libros, paredes con milenios de cultura. Los vitrales salidos del techo y reposando sobre la única pared que dividí­a la sala de lo que a ella le antojó como cuarto. (…) La casa… las casas reflejan siempre el espí­ritu de sus dueños y el apartamento-estudio al que se trasladó después de haber habitado en Fontanar y el Naroca lo habí­a acomodado a su gusto. En él desarrolló las más diversas creaciones a lo largo de su vida. En la docencia universitaria y en la literatura, en la obra humana de formar corazones, cosa difí­cil en los tiempos que le tocó vivir.
    Pero la vida se ensaña a veces con quienes no lo merecen. Por diversas razones, dejó de escribir. Pero el vitral que, según sus propias palabras, “vale un huevo” y sus mamparas, situadas en la terraza y cada uno de los anaqueles que, dispersos en la sala o lo que pudiera dar la idea de la sala, cubrí­a todas las paredes. Este escenario la convierten en ese ser irrepetible de la historia de todos sus amigos.
    Los libros que se amontonaban y generaban un polvo inmenso contribuí­a de manera indiscutible a su eterna asma, pero todo se parecí­a a ella: el inmenso baño y la cocina suntuosa. Cada espacio de ese apartamento guarda sus olores, sus crisis y su soledad, aún cuando estuviera acompañada.
    Otro de los elementos que la identificaron ante mis emociones fue sus sillones de mimbre, de esos que aparecieron en Cuba antes del siglo XX; ella medio recostada, dama al fin con todos sus encantos, los buenos encantos y los misterios irrepetibles y consabidos de una leyenda que se apresuraba a contar miles de historias. Sus historias y las historias de esta Habana y esta realidad que la empujaron a tomar decisiones inigualables y austeras. (…)
    Nuestro caso es singular. Decir otra cosa serí­a o es imperdonable y precisamente por ese amor con palabras en mayúscula que sentí­ por ella es que defiendo su integridad a toda costa. (…)
    De acuerdo a mis vivencias personales, la Vivien que conocí­ era muy maternal, me mostraba su afecto de múltiples maneras, -me cuidaba-. Estaba atenta a cuanto podí­a constituir una enseñanza. Nunca me sentí­ desprotegido, ni profesional ni afectivamente. Tení­a la capacidad de enseñar, aún cuando uno no demostrara interés marcado por aprender los temas en que ella discursara. Estoy convencido de que se constituyó como una madre. Decir otra cosa serí­a injusto y desacreditar toda la ternura y amor que siempre rodeó nuestra relación. Relación que no siempre fue ligera. Ella tení­a, además, el don o la capacidad de exasperarme hasta lo indecible. Eso tal vez fue lo que nos mantuvo unidos por más de doce años. (…)
    Vivien trató siempre de corresponder con las personas, apoyaba y ayudaba a muchos. Si bien muchos de sus conocidos la tení­an por un ser que sólo miraba para ella, la realidad que viví­ me enseñó que ella cuidaba extremadamente las relaciones afectivas. Sus afectos los depositó en mí­, eso me consta. Pero nunca dejaba pasar una fecha para hacer saber, a través de una postal u otro pequeño obsequio, que no se le habí­a pasado determinada fecha. Ella era, en ese sentido, muy cuidadosa, atendí­a con cualquier presente al médico, a la enfermera, a la farmacéutica, a los vecinos. (…)
    Ella no poseí­a maldad, y por encima de toda maldad humana estaba su amor por el patrimonio de esta Nación. Su historia, su desarrollo, sus virtudes ejemplares, la cultura con mayúscula. Por que eso fue ella: una mujer culta que se oculta de su tiempo y cede sus espacios. Eso no se comprende. Pero su dignidad no le permití­a siquiera decir una palabra sobre lo que ella representaba para la Cultura de este paí­s. Ella sólo observaba, escuchaba y me aclaraba las imprecisiones. Eso habla de la dignidad de esta mujer. (…)

  7. Estudié en la Escuela de Letras en los 70 (me gradué en 1975) y
    salí­ de Cuba en 1984.
    Vivian fue mi maestra de Historia del Arte. Muy bella persona,
    muy profesional y conocedora del oficio.
    Un saludo de mi parte siempre es bueno recordar los “felices años
    de colegial alegre”.
    Wesbri

  8. Vivien, Vivien Acosta!!, entre las mejores profesoras que tuve. No puedo olvidar la pasión con que explicaba el arte latinoamericano. Fuí­ su alumno y más tarde, como sucede con todos los buenos profesores, quedamos muy amigos y nos sentábamos juntos en la Cinemateca, en los conciertos, cuando coincidí­amos.
    La ví­ por última vez en el año 97, en una de mis visitas a Cuba en un concierto de guitarra que se ofrecí­a en el Centro Pablo en la Plaza Habana. Bella y elegante como siempre, femenina y con el más agudo sentido del humor, me puso una mano sobre el hombro y me obligó a volverme, retándome a que la reconociera, como si yo hubiera podido olvidar aquella sonrisa, sus ojos y sus rápidas respuestas.
    No nos separamos esa tarde y no quedó otro remedio que recordar los viejos tiempos de la Escuela de Letras.
    Pueden ignorar su muerte los desagradecidos -los hay en todas partes- pero muchas generaciones de cubanos le haremos un homenaje cada dí­a, en cada recuerdo.

  9. Vialda Melian Woo
    Sunday 21 February 2010, 12:01 am |

    Fui alunma y amiga de Vivien, el dia antes de yo salir del pais, me la encontre en un taxi( botero)fue in hermoso momento, siempre la admire, incluso me dio la direccion de un amigo mutuo.Inteligente y subvalorada mujer, Leyendo las opiniones de sus amigos y exalumnos encontre un nombre conocido Mario Crespo y recorde mis amigos de la Escuela de Letras, viejos tiempos